Leyendas sobre el huevo que quizás no conocías

Jueves, 20 de Febrero de 2020

La serpiente

La gente del campo sabe perfectamente que el último huevo que ponen las gallinas es redondo, pequeño, sin yema y duro. Esto es así. Antiguamente, de este último y extraño huevo se decía que no era de gallina, sino de gallo, y que, si se enterraba en un pilón de estiércol fresco de cerdo, nacía una serpiente peluda y negra que llevaba en la boca una joya de gran valor. ¡Pero cuidado, que su mordida era letal! Algunos abuelos todavía juran haber visto la serpiente peluda.

El Castillo del Huevo

Existe de verdad y se ubica en la ciudad de Nápoles (Italia). Su nombre deriva de una antigua leyenda según la cual el poeta latino Virgilio tomó el primer huevo que puso una gallina, lo puso en un ánfora de cristal y lo escondió en alguna parte de los cimientos del castillo, en la parte de los calabozos. Siempre que el huevo se mantuviera intacto, la fortaleza y la ciudad se salvarían de todo mal.

En la Edad Media, una tormenta devastadora derribó una parte muy importante del castillo, incluyendo la zona donde estaba el huevo. La reina Juana I de Nápoles confirmó a la población que, efectivamente, el huevo se había roto, pero inmediatamente después aseguró que ella procedió a realizar el mismo ritual mágico que Virgilio para que la fortaleza tuviera un segundo huevo protector... el que todavía sigue enterrado hoy en día.

El huevo bailarín

Es una costumbre catalana: colocar un huevo vacío en un surtidor, flotando en el agua. Encima del chorro de agua del manantial, el huevo voltea. Se ubica una cesta adornada con plantas y frutas cerca que, además de ser decorativa, evita que el huevo caiga al suelo. Si el huevo cae al agua y no se rompe, poco a poco vuelve a rodar hasta el surtidor y despega nuevamente; si no se rompe durante toda la jornada, se considera señal de buen augurio.

Esta actividad, documentada con certeza desde el año 1440, tiene lugar tradicionalmente durante la fiesta del Corpus en varias poblaciones catalanas como Barcelona, ​​Tarragona, Manresa, Solsona, Martorell, Igualada, Cardona y Arenys de Munt, principalmente. No busquéis un origen muy espectacular porque no lo tiene: la teoría más aceptada es la que dice que los cuidadores de los jardines del claustro de la catedral de Barcelona habrían descubierto por casualidad esta propiedad de los huevos de los gansos en un momento de aburrimiento.

El huevo de Colón

Dice la leyenda que cuando Colón volvió de descubrir el nuevo continente fue obsequiado con un festín por varios nobles de la ciudad de Sevilla y durante el banquete alguien osó quitar mérito a su hazaña razonando que, si no hubiera sido él, alguien lo hubiera hecho. Que no era para tanto, vamos.

Para demostrar que esto era falso, Cristóbal pidió al propietario de la taberna que le llevara un huevo y retó a sus acusadores a colocarlo en posición vertical sin que cayera. Nadie pudo. Entonces, Colón golpeó sutilmente uno de los extremos del huevo y… ¡se mantuvo recto!

La moraleja es clara: "Es cuando se intenta lo imposible que se consigue lo posible".